La mujer del pasado

La vida nos pone los mismos escenarios una y otra vez hasta que aprendamos la lección. Y no soy yo quien me doy el aprobado, es la vida que vuelve a echarme un anzuelo a ver si caigo, me tiende una trampa a ver si me resbalo, tropiezo y me deslizo hacia abajo, hacia el pasado, hacia atrás, y lo que creía superado se convierte de nuevo en mi realidad en este instante.

En mis escenarios habituales ha tomado fuerza la presencia de la mujer que fui. Es la amiga de un amigo y eso no es importante. Lo que de verdad me confronta es que es una representante de mi pasado. Un espejo poderoso que me intimida con su reflejo.

Ahora comienzo a darme cuenta de todo esto y acercarme un poco a la claridad. Me muevo por un suelo deslizante y pretendo mantenerme erguida, serena, alerta y tranquila al mismo tiempo. No se si lo conseguiré… ¡espero que sí!… ya me he pegado unas cuantas caídas estruendosas desde que mi sombra reapareció por mi vida encarnada en una mujer que me pone de frente todo mi pasado.

No tengo escapatoria porque sé que la puerta de salida hacia lo nuevo está en abrazar mi sombra. Cuanto más la niegue o la rechace entraré en un bucle repetitivo que se retroalimenta, generando escenas que amplifican descaradamente momentos de mi pasado delante de mi impávida mirada.

Quiero aplicarme y no repetir curso. Estoy nerviosa, puedo perder la templanza en cualquier momento y ser esclava de mi impulsividad autoindulgente. Por eso he decidido poner este asunto en una estructura que lo contenga y que me sirva a mi para cuidar la serenidad y el ritmo que necesito para no ceder mi poder personal y desprenderme completamente de esta visita del pasado.

He decidido emprender el trabajo. Aquí y ahora estoy disponible. Quiero hablar con la mujer del pasado.

-Te conozco -le hablo directamente  -traes mucha inseguridad, basada en un bloqueo que tienes en la garganta. En tu interior siempre está la figura del padre esperando de ti que seas brillante en tu expresión y esta expectativa que tú te autoexiges cumplir te genera una interferencia negativa en tu espontaneidad verbal y en general. Tienes mucho miedo de no ser suficiente inteligente y a no saber… y esto te coarta. Merma tu expresividad e impide la elaboración de opiniones propias y la exposición de un posicionamiento en lugares naturales para ti.  Nunca estás a la altura de gustar a papá y es tu anhelo obsesivo. Ser perfecta para él: ser la hija admirada y deseada por el padre, y ser protegida, amparada, alentada, y querida por él.

-Te rechazo -expresa la mujer del pasado -no me gusta cómo me hablas.

Ahora la mujer del pasado defiende su clandestinidad. No quiere que yo le señale su miedo. No tengo que desvelarle el lugar que ocupa y los pasos que debe ir realizando, si ella no me pide esta información. Pero no sé cómo tratarla. La veo con mucha claridad, y observo mi pasado en un espejo nítido, sin saber qué hacer con este fenómeno. Quiero encontrar la respuesta sobre qué hacer con esto. Siento vértigo como en las películas de ciencia ficción donde siempre hay una ley en el viaje en el tiempo: nunca ver a tu yo del pasado porque podrías generar una paradoja que acabara con tu propia existencia.

-No sé qué hacer con esta situación, donde yo soy tu yo de un posible futuro, y tú eres mi yo del pasado. -le comento -me gustaría llegar a una reconciliación…

-Primero, tienes que saber que yo no te reconozco a ti.

¡Se me olvidaba mi pasado arrogante basado en toda la energía de la expresión reprimida! Todo lo no expresado y pendiente de decir, mostrar… convertido en orgullo superpuesto ¿Cómo entablar la comunicación con la mujer del pasado si ella no me reconoce como una posibilidad de su futuro?

-Estás aquí para que yo te vea. Sólo yo sé lo que está pasando -le expreso -Me doy cuenta de que para completar  contigo necesito reconocerte y despedirme. Y para ello darte las gracias por ser tú el estado que ha evolucionado hasta mi.

La mujer del pasado me mira expectante y toma una postura corporal de apertura.

-Reconozco tu coraje, la perseverancia con la que coges una presa y no la sueltas hasta que la consigues para ti. Yo ya no estoy ahí. No quiero apresar nada, porque he aprendido que cuando agarro algo me quedo presa yo también y descuido la escucha de mi ritmo, mi necesidad y mis límites. Anulo mi garganta: mi libertad de expresión y movimientos. Y el miedo a perder lo que creo que poseo me condiciona todo, me falsifica, me aleja de mi autenticidad y naturalidad. Tu momento es de agarrar algo para probar tu fuerza, mi fuerza está ahora en la paciencia y el asombro de descubrir lo que la vida elige para mi.

La mujer del pasado transfigura su rostro por una sucesión de animales salvajes…

-Yo también tuve mucho apego al poder del instinto y tuve que aprender que la entrega es una experiencia del corazón, exclusivamente. Y el corazón libera, incluye, espera, y acepta todo como es, recibiendo lo que llega, sin querer poseer, sin querer cambiar al otro, sin empujarme a mí a ser otra para seducir a un hombre o a otras personas, sin exigirle a la vida el cumplimiento de anhelos imperiosos.

La mujer del pasado se convierte al instante en una niña caprichosa…

-Yo también pensé cuando pequeña que mis padres no me cuidaban bien y que era yo quien tenía que cuidar de mi y para ello emergió una niña que sabía seguir su deseo y cumplirlo para asegurarme una vida feliz… he madurado hasta poder despedir a esta niña y convertirme yo en la adulta que habla con la niña y la calma con la dulzura de sus palabras, que le ayuda a confiar en que todo lo que ella necesita llegará de la mejor manera y que puede soltar el capricho porque el universo entero cuida de ella con las mejores experiencias y atenciones.

La mujer del pasado empieza a interesarse por mi…

-Ahora te reconozco. Necesité tu inconformismo y tu rebeldía para negarme a aceptar normas y autoridades externas aún sin saber exactamente qué era lo que yo querría. Necesité tu impulsividad, belleza y descaro para seducir a hombres que me facilitaron sanar la herida en mi historia personal con mi padre. Necesité tu fuerza para luchar por un sitio al lado de personas con poder personal que hicieron el trabajo antes que yo. Necesité tu agresividad para defenderme de todo lo tóxico en mi vida y la locura de mi sistema familiar. Necesité tu arrogancia para tener motivación para soñar con un futuro que reflejara quien yo era. Ahora ya no necesito toda esa lucha, ese desafío… ahora he recuperado mi autoridad interna a base de no saber, de perderme y de aprender por mi misma a orientarme. He recapitulado mi historia con lo masculino, empezando por mi padre, y disfruto de una relación de igualdad real que parte de dentro de mi, donde la diosa habita mi corazón y puedo gozar de lo masculino con abundancia en múltiples formas y relaciones. Ahora he encontrado a mi tribu -cuyos integrantes reconozco por el brillo de los ojos y la vibración amorosa- y tomo con naturalidad mi sitio en ella, el único que era para mi, por el que nunca tuve que pelear. Ahora la Naturaleza y mi contacto sagrado con ella purifica mi cuerpo y mi vida en todo momento. Ahora ya no sueño, ahora despierto y me hago muy presente en cada instante que transcurre, dando lo mejor de mi y recibiendo lo mejor del universo para mi.

Me despido de ti desde la gratitud y la humildad de aceptar que yo también fui como tú. Te abrazo.

La mujer del pasado sonríe y sigue su camino de evolución siendo muy consciente casi por primera vez de la semilla de su propósito.

¿Quieres soltar viejos patrones? ¿Te relacionas con personas que te resultan difíciles de soportar? sesiones individuales con Susi Muñoz 

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