Soy inocente

Cierro los ojos y me arropo. Tú te acercas a mi y comienzas a inducirme con tu voz un estado de relajación profunda. Percibo como todo mi cuerpo va soltándose, y pequeños micro movimientos se generan en la musculatura, ajustándose los tejidos y aumentando la sensación de abandono corporal. Me gusta escuchar tu voz, confiando en este sonido como si fuera una luz en la oscuridad y me siento muy cuidada. Sentirme cuidada me facilita una entrega sin reservas al viaje que está emergiendo.

Tu voz es firme y serena, la masculinidad que contiene en su tono invoca mi feminidad, e incrementa la ternura en mis estructuras, me ablando, me abro, voy cayendo en el trance. Me inquieta que mi mente se active mucho y reciba demasiada información a la vez -tengo un potente procesador en el cerebro- pero tu voz persiste de un modo focalizado en la dirección de la concentración y ahora caigo en la ingravidez de las sensaciones corporales sujeta por el hilo invisible y poderoso de tus palabras.

Voy bajando una escalera muy lentamente, a cada peldaño me deshago en mi forma para estar disponible a cualquier otra forma que llegue a mí. No tengo que defender nada, ni siquiera mi identidad, puedo dejarla de lado, y entrar en el espacio infinito de la conciencia que yo soy y que toma la forma concreta para manifestarse.

Estoy en una casa. Estoy mirando la pared que tengo justo frente a mí. Dibuja una estructura cuadrada que sobresale dejando un hueco para un sistema de iluminación. La luz posee una tonalidad verde. Estoy en un salón, hay un sofá muy grande y una alfombra. Siento la dificultad para sostener esta vibración intensa y me da miedo la dispersión, tu voz me sostiene.

Respiro. Me invitas a descubrir la casa. Al subir unas escaleras me doy cuenta que soy una mujer anciana. Empiezo a contactar con ésta que soy ahora. Llevo un vestido muy elegante y valiosas joyas en el cuello.

-Estoy sola en la casa. Toda esta casa tan grande es mía. Cada vez es más grande la casa. Estoy desesperada porque me siento muy sola.

-¿A quién te gustaría llamar? -me orientas con tu voz.

-Me da miedo la gente -ahora empiezo a recordar por qué estoy sola -no quiero que venga nadie, yo quiero estar sola. He aguantado la soledad todos estos años de esta vida. ¡Lo he conseguido! ¡he conseguido no necesitar a nadie! Es un gran logro, estoy orgullosa de mí misma, he sido fuerte y lo he logrado. Y ahora soy una anciana y lo he logrado. No dependo de nadie, no necesito nada del mundo. Estoy donde quiero estar.

-Has traspasado la soledad -me acompañas -¿ha sido difícil?

-¡Lo he logrado! -mi respiración se agita y emerge algo con lo que no quiero contactar -estoy donde quiero estar.

-Echas la mirada atrás y has renunciado a cosas -tú voz se acerca a algo que yo no quiero contactar.

-Sí, pero lo he conseguido -me defiendo -no quiero acordarme de nada, me da mucho miedo contactar con eso… porque he conseguido mi objetivo y no quiero sufrir.

-¿Qué te hace sentir bien ahora que estás sola? -me acompañas.

-Que lo he logrado -empiezo a contactar con este empeño mío de conseguir algo por encima de todo- me siento fuerte, ahora puedo salir al mundo, mirar a los ojos a la gente sin miedo.

-Eres fuerte ahora para salir -me animas a seguir desentrañando esta vivencia mía.

-Sí, tengo mucha salud aunque soy vieja, porque tengo mucha fuerza, porque no me he compartido con nadie, no he compartido nada con nadie y esto cuando lo nombro me hace sentir muy fuerte.

-¿Qué te permite hacer esa fuerza ahora?

-Mirar a la gente sin miedo. No tengo nada que perder.

-¿Puedes mirar a las mujeres y a los hombres a los ojos?

-Sí, veo su pobreza.

-¿Cómo es esa pobreza?

-Porque no se tienen a sí mismos, y entonces no tienen nada, da igual lo que tengan.

-Te sientes  con fuerza para mirarlos…

-Sí pero no tengo compasión, no tengo corazón.

-¿No tienes corazón?¿Qué significa eso?

-Que no he sentido. Que he pasado por encima de todo. -empiezo a entrar en mi sombra y a decir toda la verdad -para conseguir esto he pasado por encima de mi dolor. No he sentido el dolor, no he querido sufrir. No he querido tener en cuenta mi dolor… mi dolor me decía: déjate querer, déjate tocar, por favor… pero yo he conseguido estar sola, eso es lo importante para mi y me ha costado mucho, porque no he escuchado mi dolor.

-¿De qué te das cuenta?

-De que tengo un trabajo pendiente, un trabajo que no voy a hacer ahora, que yo no lo voy a hacer -me refiero a esta vida que estoy recreando en mi vivencia -he conseguido vivir la soledad por la fuerza, por mi orgullo, y tengo pendiente vivir la soledad desde la sensibilidad, dando espacio a cada sentimiento, y eso no me separa de los otros, me he tenido que aislar en una casa para vivir esto.

En este punto del proceso mi respiración se agranda para contener la emergencia. Me emociono. Comienzo a contactar con el dolor de estar separada de los otros, la renuncia que he realizado para conseguir mi objetivo de no necesitar a nadie. Aparece la pena y también la rabia que me defiende de esto. No quiero rendirme. Toda mi vida ha sido un acto de no rendición. Un pulso con la vida para ganar. Y creí haberle ganado a la vida, aunque aún me queda el último episodio: la muerte.

Tú me llevas al momento de la muerte.

Estoy sola en mi cama. Es de noche, de madrugada, veo la oscuridad entrando por los ventanales de mi dormitorio. Nadie me acompaña en este momento. Ni siquiera yo sé que me estoy muriendo. Sólo siento rabia. Una rabia brutal que me empuja a apretar las manos hasta el dolor físico. Mis brazos y mis piernas están rígidos como estacas. Pierdo mi humanidad. Tengo mucha soberbia y mi orgullo no quiere soltar su reinado ni en el último suspiro.

-¡No me quiero rendir! ¡he ganado! -me aprieta todo el cuerpo contra los huesos y mi respiración se agita sin control.

Siento mucho mareo. Percibo cómo se abre la coronilla y abandono mi cuerpo. Siento perfectamente cómo me separo del cuerpo. La lucha ha terminado y yo he perdido. Me doy cuenta de todo. No me ha servido para nada el orgullo, sólo para perder el tiempo, me ha engañado, me ha separado de mi sensibilidad. Me ha hecho creer que había conseguido algo, una conquista espiritual, un espejismo. Estoy llorando y me quedo en un silencio eterno.

-¿De qué más te das cuenta? -sigues orientándome.

-Estoy disfrutando de… estar muerta -siento el vacío que me desprende de esta vida.

-Eso, el espacio entre vidas. Vas a darte cuenta de que alguien viene. Vas a ir distinguiendo a alguien que viene a informarte, a acompañarte.

Primero te veo a ti, te estás riendo con mucha dulzura. Respiro esa intensidad. ¿Qué haces tú aquí?, te pregunto en mi trance. En realidad no quiero que me contestes. No quiero entrar ahí. Yo no te nombro en voz alta y te vas. Llega Susi, yo misma, de niña. Te informo de esta llegada.

-Mira a esta niña, seguro que viene a decirte algo.

-Que confíe en ella -mi pecho se ablanda y empiezo a llorar, toda la estructura defensiva se deshace. Me emociono mucho y me cuesta hablar.

-¿Cómo puedes hacer eso? pregúntaselo.

-Quiere que confíe en su sensibilidad…¡siempre! -estoy llorando -ella está muy segura de eso, pero yo no, no sé si voy a poder confiar siempre… ¡me da mucho miedo equivocarme otra vez! ¡perder una vida entera para nada!

Me muevo en la integración de la vida pasada completando con el punto diferente de la niña, soy aún la vieja orgullosa y tengo la mirada inocente de Susi mostrándome otra posibilidad de aprendizaje. El llanto libera a las células dormidas de mi pecho, de mis pulmones y mi corazón. Me doy cuenta de lo fácil que es perderse, equivocarse en una creencia distorsionada a la que entrego todo mi poder y que me aleja de la verdad.

-¿Está la niña contigo?

-Sí

-Mírala a los ojos, en su mirada tienes respuestas a esto que te pasa -tu voz se acopla perfectamente a mi interioridad -ella te dice qué hacer con las equivocaciones.

-Me dice que estoy enferma.

-¿Cómo es esa enfermedad?

-He perdido la inocencia -siento miedo del misterio que es la vida -no sé qué tengo que hacer.

Vuelves a guiarme a un momento de mi vida actual donde yo vivía plenamente la inocencia, para que la vea y la contacte.

Ahora estoy en un campo al lado de mi casa en la urbanización donde vivía con mis padres. Es una parcela que no tiene lindes, porque no tiene dueño. Me gusta ponerme al lado de la valla de la parcela contigua, justo en ese sitio hay una tierra roja donde me gusta sentarme.

-Es precioso -me emociono intensamente -es precioso porque yo lo veo así… no tiene nada especial, es un campo vacío con hierba y donde yo me pongo hay una tierra roja que me gusta mirar y tocar.

La visión tan sencilla de la tierra roja me desata una sensibilidad abundante, dulce, tierna, y contacto con la gratitud y el placer de estar viva. El llanto me acaricia el pecho y me abre a la receptividad más pura, como si brotara de mi corazón un arcoiris de energía que de pronto se activa con vitalidad y me renueva, me rejuvenece. Me siento muy libre. Estoy en contacto conmigo, siento mucho amor a mí misma… ¡no sé qué hora es! Nada me condiciona. Estoy respirando y gozo con ello de manera tan natural como extraordinaria.

-Ésta es tu inocencia -la nombras y me estremece oír tu voz tan dentro de mí.

Ahora me separo de la niña y la observo desde fuera. Observo este momento pasado de mi vida actual y me da miedo no sentir eso en el presente. Es cómo si deseara morir ahora para volver a la inocencia, para volver a sentir esa inocencia.

-¿Qué te impide sentir la inocencia? -me descubres un siguiente paso en este viaje.

-Que no creo en ella -te desvelo mi verdad interna.

-¿No crees en ella?

-Estoy enferma -señalando otro nudo emocional que no está resuelto, por algún lugar de mi alma.

-Esa es tu enfermedad no creer en tu inocencia -nombras con tu palabra paciente lo que yo vivencio y ahora me guías a un momento donde puedo contactar con esta enfermedad.

-Me veo en un desierto -prosigo mi viaje -me veo las manos, soy un hombre viejo, me estoy mirando las manos todo el tiempo y veo mi vida en las manos.

-¿Y qué vida has llevado?

-Veo como mi mano se cierra y empuña una espada -la imagen va tomando forma -y estoy en una guerra…

-¿Estás solo?

-¡Estoy matando gente! -se abre la emoción contenida en este episodio – hay mucha sangre, hay fuego, hay caballos trotando, pisando cadáveres… es un poblado, hace frío… ¡estoy matando niños!

Contacto con el asesinato de un niño… ¡yo soy el asesino! su cuerpo está tumbado en la hierba y lo he desgarrado con mi espada en múltiples heridas mortales.

Ahora me arrastra un sentimiento muy doloroso de arrepentimiento. El llanto me desborda y se hace muy grande, mi mente se acelera al recibir tanta información.

-Yo no quiero -me arrepiento, entro en la negación de lo que ejecuto.

-No quieres pero tienes que hacerlo.

-Es como si fuera mi mano -intento separarme de esta brutalidad y el dolor brota sin contención -yo no quiero pero mi mano lo hace… sí, estoy matando niños.

-Niños inocentes.

-¡Yo quiero morirme! -el dolor se pone en primer lugar de mi conciencia y me salgo completamente de la negación anteior, tomo contacto con algo monstruoso y no puedo parar de llorar ¡es una pesadilla! -¡quiero morirme! ¡quiero morirme!

-Estás desolado -te acercas tanto a mi en este momento.

-Sí… quiero morirme… pero no me muero -sigo mi viaje -me voy al desierto, huyo de todo esto, me voy al desierto a morirme… pero no me muero, me quedo toda la vida en el desierto donde me hago viejo y todavía sigo mirando mis manos… vivo en un campamento en el desierto con más gente.

-¿Y qué haces con esa gente?

-Ellos no saben nada de mi pasado -me sobreviene la vergüenza -ellos creen que soy un sabio y no saben nada de mi. Yo sí lo sé, no puedo engañarme a mí mismo.

-¿Creen que eres un sabio porque les hablas?

-No… porque medito… porque no hablo, no puedo hablar, me callo, me callo mucho porque no puedo hablar y me meto para dentro, quiero soltar el pasado y medito para olvidarme pero no me olvido de nada-la vergüenza se hace presente y me tira para adentro.

-¿No puedes contarle a nadie lo que estás viviendo?¿lo que has vivido?

-A nadie.

-¿Te gustaría hacerlo? – me preguntas y yo me quedo callada – a ver qué sucede…

-Sí.

De nuevo me guías hasta un momento donde tengo presente a estos compañeros del campamento, me rodean en círculo como muchas otras veces en esta vida. Pero en esta ocasión yo alzo mi voz. Todos se sorprenden de escucharme hablar.

-Me da mucha vergüenza que me sigáis, yo no soy quién pensáis vosotros, no hablo porque no puedo hablar de lo que hice, estuve en un saqueo a un pueblo y maté a un niño con mi espada, hace muchos muchos años de eso y estoy muy arrepentido de haberlo hecho, me da mucha vergüenza -ahora empiezo a llorar y el dolor se hace muy visible.

-Eso, muestrales tu dolor, deja que lo vean.

-¡No sé por qué me seguís! si yo no valgo nada -miro sus ojos de hombres jóvenes y me avergüenzo -no valgo nada si no protejo a la inocencia, a los niños, ¿qué puede valer mi vida?… me da mucha vergüenza miraros a los ojos…

Ahora necesito que me perdone alguien, estoy en un laberinto de dolor y no sé salir de él.

-Deja que todos vean tu dolor y tu vergüenza y que se transforme -me guías con dulzura y sabiduría.

-Mis manos están sucias -pronuncio entre lágrimas.

-Enséñales tus manos -me acompañas con persistencia hacia el contacto con el otro, no dejas que me quede en mi clandestinidad.

-Son grandes -mi voz empieza a aclararse -me he equivocado… doy gracias a ese niño que yo maté… era un niño muy sabio…

-¿Le das las gracias?

-Sí, perdóname -reconozco al ser de este niño y le hablo directamente -gracias a tí aprendí a proteger la inocencia… tu vida tuvo mucho valor para mi… tu sangre tuvo mucho valor para mi.

-Todo tiene sentido, ¿verdad?

-Es una persona que me quería mucho -tomo un contacto muy emotivo con la unidad de todo y me salgo de la dualidad en este momento -me quería tanto que dio su vida por mi. Para que yo despertara.

De nuevo el llanto abundante libera mi pecho de memorias antiguas incompletas e integra la vivencia con la percepción de la Verdad, activando espacios dormidos de mi conciencia y recibo el Amor que siempre estuvo presente en este hecho de mi historia personal, en el asesinato de este niño.

-Ahora recibo el amor -respiro ampliamente con los pulmones renovados -¡qué misterioso!

-Eso es, descansas al darte cuenta, has procesado esta enfermedad -me facilitas la integración -¿Cómo era tu enfermedad?¿de qué no te dabas cuenta?

-No me daba cuenta del amor que estaba presente en ese asesinato, en la inocencia de un pacto entre dos almas, me siento inocente, siento que recupero algo, siento mi corazón muy contento – me expando.

-Has hecho la paz con tu inocencia -me acompañas en mi despertar.

-Sí, siento la paz y mucha alegría -lo recojo

-Y retomas tu fuerza ¿para qué? -me ayudas a afinar mi comprensión de la vivencia.

-Para mi vida actual, para darme permiso para equivocarme sin miedo a la culpa, porque todo tiene sentido, todo sirve para algo, no existe ningún error, estoy aquí para experimentar desde la inocencia, el descubrimiento de todo lo nuevo, de lo nuevo en cada instante y no me puedo equivocar, tengo permiso para tomar toda mi vida sin miedo a equivocarme y experimentar todas las posibilidades que vengan a mi sin reproche y sin culpabilidad -me escucho en mi propósito esencial.

-Vienes a desterrar la culpa y el reproche, los únicos limites que te impiden experimentar como verdaderamente quieres para tu satisfacción -reconoces mi fuerza.

Mi plexo se ensancha y sale mucha fuerza de mi vientre, quiero enseñar a vivir sin culpa igual que lo aprendo yo, compartirlo, confío en la fuerza de mi inocencia. Soy inocente.

Si quieres contactar con lo verdaderamente importante de tu existencia atravesando toda la sombra que te separa de tu propósito… te recomiendo un taller: El Propósito del Alma. Del 8 al 11 de Diciembre 2016. En la Casa del Búho – Algodonales.

 

 

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